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jueves, 3 de mayo de 2012

Comprueban que el uso de la computadora y el ejercicio físico protegen la memoria


Las actividades que estimulan la mente, como el uso de computadoras, y el ejercicio físico moderado disminuyen las probabilidades de que las personas pierdan la memoria a medida que envejecen, según un artículo divulgado esta semana por la Clínica Mayo. 
Otros estudios ya habían mostrado que la actividad física combinada con el ejercicio mental ayudan en la prevención de la pérdida de la memoria y la novedad en éste es que encuentra una sinergia entre las actividades con la computadora y la actividad física moderada en la protección de la función cerebral en personas mayores de 70 años.
Los investigadores estudiaron los casos de 926 personas en el Condado Olsmstead, de Minnesota, EEUU, que completaron un cuestionario con preguntas sobre su ejercicio físico y el uso de computadoras en el año anterior a la entrevista.
En este caso, el ejercicio físico moderado se definió como una caminata rápida, caminatas largas, rutinas aeróbicas, ejercicios de fuerza, el golf pero sin el carrito, natación, tenis en pareja, yoga, artes marciales, el ejercicio con máquinas y el levantamiento de pesas. Las actividades que se consideraron mentalmente estimulantes incluyeron la lectura, las artesanías y manualidades, el uso de computadoras, juegos de cartas, los instrumentos musicales, actividades artísticas y sociales y el mirar menos televisión.
Entre todas esas acciones, el estudio analizó en particular el uso de computadora debido a su creciente popularidad, señaló el autor del estudio Yonas Geda, científico médico de la Clinica Mayo en Scottsdale, Arizona.
La población de EEUU tuvo un fuerte crecimiento después de la Segunda Guerra Mundial y hasta 1964, y esa llamada "boom generation" entra ahora en la vejez, "con lo cual se proyectan incrementos enormes en la prevalencia de la demencia senil", dijo Geda.
"Dado que el uso frecuente de la computadora se ha tornado cada vez más común entre todos los grupos de edad, es importante que examinemos cómo se relaciona con el envejecimiento y la demencia", añadió.
El estudio examinó el ejercicio, el uso de la computadora y la relación con riesgos neurológicos tales como el deterioro cognitivo moderado, que es la etapa intermedia entre la pérdida normal de memoria y el comienzo del mal de Alzheimer.
Entre los participantes en el estudio que no hacían ejercicio físico ni usaban la computadora, el 20,1% tenía un nivel cognitivo normal y el 37,6% mostraba señales de deterioro cognitivo moderado. Mientas que entre los voluntarios que hacían ambas cosas, el 36% tenía un nivel normal, y el 18,3% mostraba señales del deterioro leve.http://www.docsalud.com/articulo/3451/comprueban-que-el-uso-de-la-computadora-y-el-ejercicio-físico-protegen-la-memoria

Vacunarán contra el cólera a más de 150 mil personas en Guinea


Por primera vez, la vacuna oral contra el cólera está siendo aplicada de manera masiva durante una epidemia. Más de 150.000 personas están siendo inmunizadas por iniciativa de la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) en Guinea, cerca de Conakry, donde se ha declarado un brote de la enfermedad, con el fin de limitar su propagación. La campaña que se realizará en dos fases empezó el pasado 18 de abril en la región de Boffa.
"La epidemia en Guinea se declaró en febrero y la prefectura de Boffa es actualmente el foco activo de la misma", explicó Charles Gaudry, Jefe de Misión de MSF en el país. "Ya se reportaron 152 casos de cólera y seis muertes", añadió.
Tradicionalmente, la lucha contra esta enfermedad consiste en tratar a los pacientes, llevar a cabo actividades de promoción de la higiene y garantizar el acceso al agua potable. Aunque necesarias, estas medidas no permiten limitar lo bastante la propagación del cólera. El uso de la vacuna oral en período epidémico representa una oportunidad real de limitar la transmisión.
Esta no es sólo la primera vez que se utiliza esta vacuna oral en África. También es la primera vez que se la utiliza de forma masiva y en condiciones de terreno en el marco de una respuesta reactiva a una epidemia, desde que fue precalificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en septiembre de 2011. El protocolo utilizado en Guinea ha sido diseñado por MSF y Épicentre, el centro de investigación epidemiológica y respuesta a enfermedades emergentes de la organización médico-humanitaria.
"El uso de esta vacuna ha sido validado por la OMS en caso de epidemia  y su esquema consiste en dos dosis que se administran con entre dos y seis semanas de intervalo para asegurar una protección óptima", explicó Gaudry.
"Con la colaboración del Ministerio de Sanidad, desplegamos a una treintena de equipos, que vacunaron a más de 1.000 personas al día durante cinco días. Tenemos previsto empezar la segunda fase dentro de unos 15 días", indicó el Jefe de Misión de MSF.
"Dado el carácter innovador de esta vacunación, también estamos documentando su viabilidad, la cobertura y la aceptación por parte de las poblaciones para mejorar las estrategias futuras del uso de la inmunización en periodo epidémico", agregó.http://www.docsalud.com/articulo/3445/vacunarán-contra-el-cólera-a-más-de-150-mil-personas-en-guinea

Casi la mitad de los porteños sufre sobrepeso


En la ciudad de Buenos Aires, casi la mitad de los adultos (46,7%) padece problemas de sobrepeso. Entre los adolescentes, la proporción es menor, pero preocupante, ya que uno de cada tres jóvenes presenta sobrepeso u obesidad.
Estas son algunas de las conclusiones extraídas de la primera encuesta alimentaria y nutricional realizada por el gobierno de la ciudad, cuyos resultados iniciales demuestran que entre los porteños la buena salud es un horizonte lejano. Según esas estadísticas, el 43,3% de los adultos no hace ninguna actividad física, el 81% de los adolescentes "picotea" entre comidas, y uno de cada cuatro jóvenes no desayuna regularmente.
Respecto del consumo diario de productos frescos, el 42,6% de los mayores de 18 años ingiere frutas y el 39% come vegetales. En todo el país, los valores son 35,7 y 37,6%, respectivamente.
Sólo el 2,1% de las personas consume cinco porciones de frutas y verduras por día en la Capital. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para Enfermedades No Transmisibles (ENFR) indica que el 25,3% de la población argentina siempre le agrega sal a la comida luego de la cocción. La ciudad de Buenos Aires supera largamente la media nacional y alcanza un 32,7% en ese rubro.
Las cifras de la encuesta nutricional -la primera que se hizo en el distrito- fueron tomadas en cuenta para instalar estaciones fijas y móviles de salud, en donde los vecinos pueden hacerse controles y recibir asesoramiento nutricional, además, de realizar ejercicios.
"La inactividad física es uno de los factores de riesgo más importantes. Es equiparable al aumento del colesterol o a la hipertensión", explicó Héctor Kunik, presidente de la Asociación Metropolitana de Medicina del Deporte.http://www.lanacion.com.ar/1469958-cont-el-47-de-los-portenos-con-sobrepeso

domingo, 29 de abril de 2012

FELIZ DIA DEL ANIMAL

Feliz día para todas las mascotas y los que no lo son, cuantas cosas deberíamos aprender de ellos, por ejemplo que no abandonan a sus hijos cuando nacen, que le dan toda la protección que necesitan hasta cuando pueden valerse por si mismos, que son incapaces de ser infieles a sus dueños, que aunque a veces reciban castigos injustos nunca dejan de estar al lado de su dueño/a, ellos son compañia para muchos, amigos silenciosos y afectuosos, que más puedo decir de ellos, solo que me alegran la vida.

martes, 24 de abril de 2012

Los jóvenes que viven solos están muy mal alimentados


Por cansancio. Por falta de tiempo. Para no sufrir la soledad. Excusas abundan para un problema que preocupa en forma creciente a médicos y nutricionistas: los jóvenes que viven solos se alimentan peligrosamente mal. Ya sin nadie que les cocine, abusan de los platos rápidos, los sándwiches, la pizza y los snacks, se saltean comidas y casi no consumen frutas, verduras, lácteos y carnes frescas. Estos hábitos, coinciden expertos consultados por Clarín , causan serias carencias que generan decaimiento y aumentan los riesgos de sufrir obesidad, anemia, osteoporosis y enfermedad cardiovascular, entre otros males.
El fenómeno afecta especialmente a personas de entre 17 y 35 años que viven solas. Algunos son jóvenes que emigran a la ciudad a estudiar. Otros, profesionales en sus primeros años de independencia. En ambos casos, la soledad parece alejarlos de la cocina y llevarlos a tener dietas insalubres.
Un estudio de la Escuela de Nutrición de la UBA mostró que más del 75% de los universitarios consume menos calorías de las recomendadas. Según Carolina Chevallier, docente de Nutrición Normal en esa institución, esto en el corto plazo “provoca adelgazamiento y pérdida de masa muscular, con el consiguiente decaimiento”.“Se observa un claro aumento de la vida en soledad, que casi siempre se asocia a malos hábitos de alimentación. Lo más común es el consumo exclusivo o preferente de comidas hechas, como alimentos envasados y fiambres, o el delivery de pizza y empanadas. Es una dieta monótona, desbalanceada, disarmónica e inadecuada”, explica Edgardo Ridner, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.
Beatriz Ravanelli, de la Asociación Argentina de Nutricionistas, coincide en el diagnóstico y detalla: “Registramos baja ingesta de frutas y hortalizas, cereales integrales, lácteos, carnes magras y pescado. Y un alto consumo de golosinas, snacks, galletitas, repostería y fiambres. De tomar, priman las bebidas azucaradas (como gaseosas y jugos), infusiones con azúcar y mucho alcohol en las salidas”.
Hace seis años que Cecilia Parodi (34), vive y trabaja en su departamento de Belgrano. Reconoce que come mal y lo atribuye a la pereza. “Me da mucha fiaca cocinar”, admite. De mañana, desayuna un café con tostadas. Al mediodía, come dos fetas de queso y, a la tarde, repite el café con tostadas. Con eso, dice, “tira” hasta el día siguiente: “Es muy raro que cene”.El cansancio, sin dudas, juega un rol importante en el “mal comer”. “Lo primero que dicen los pacientes es que no tienen tiempo, pero luego admiten que les faltan ganas de preparar comida”, afirma Ridner. Y explica que la soledad también pesa: sin compañía, se consideran inútiles o deprimentes acciones como cocinar, sentarse a la mesa y hasta usar cubiertos. El problema de estos hábitos es que, tarde o temprano, pasan factura. Y en algunos casos conducen al sobrepeso: “Se genera un ambiente promotor de la obesidad, con gran oferta de alimentos con muchas calorías”, explica Ravanelli.http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/jovenes-viven-solos-mal-alimentados_0_688131248.html

Los jóvenes que viven solos están muy mal alimentados


Advierten sobre el peligro de una dieta poco nutritiva. Tienen entre 17 y 35 años. Consumen pocas frutas y verduras, y muchos fiambres y delivery. Dicen que es por falta de tiempo, cansancio o desidia. Según los expertos, puede ser el inicio del sobrepeso. Por cansancio. Por falta de tiempo. Para no sufrir la soledad. Excusas abundan para un problema que preocupa en forma creciente a médicos y nutricionistas: los jóvenes que viven solos se alimentan peligrosamente mal. Ya sin nadie que les cocine, abusan de los platos rápidos, los sándwiches, la pizza y los snacks, se saltean comidas y casi no consumen frutas, verduras, lácteos y carnes frescas. Estos hábitos, coinciden expertos consultados por Clarín , causan serias carencias que generan decaimiento y aumentan los riesgos de sufrir obesidad, anemia, osteoporosis y enfermedad cardiovascular, entre otros males. El fenómeno afecta especialmente a personas de entre 17 y 35 años que viven solas. Algunos son jóvenes que emigran a la ciudad a estudiar. Otros, profesionales en sus primeros años de independencia. En ambos casos, la soledad parece alejarlos de la cocina y llevarlos a tener dietas insalubres.
Un estudio de la Escuela de Nutrición de la UBA mostró que más del 75% de los universitarios consume menos calorías de las recomendadas. Según Carolina Chevallier, docente de Nutrición Normal en esa institución, esto en el corto plazo “provoca adelgazamiento y pérdida de masa muscular, con el consiguiente decaimiento”.
“Se observa un claro aumento de la vida en soledad, que casi siempre se asocia a malos hábitos de alimentación. Lo más común es el consumo exclusivo o preferente de comidas hechas, como alimentos envasados y fiambres, o el delivery de pizza y empanadas. Es una dieta monótona, desbalanceada, disarmónica e inadecuada”, explica Edgardo Ridner, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición. Beatriz Ravanelli, de la Asociación Argentina de Nutricionistas, coincide en el diagnóstico y detalla: “Registramos baja ingesta de frutas y hortalizas, cereales integrales, lácteos, carnes magras y pescado. Y un alto consumo de golosinas, snacks, galletitas, repostería y fiambres. De tomar, priman las bebidas azucaradas (como gaseosas y jugos), infusiones con azúcar y mucho alcohol en las salidas”.
Hace seis años que Cecilia Parodi (34), vive y trabaja en su departamento de Belgrano. Reconoce que come mal y lo atribuye a la pereza. “Me da mucha fiaca cocinar”, admite. De mañana, desayuna un café con tostadas. Al mediodía, come dos fetas de queso y, a la tarde, repite el café con tostadas. Con eso, dice, “tira” hasta el día siguiente: “Es muy raro que cene”.
El cansancio, sin dudas, juega un rol importante en el “mal comer”. “Lo primero que dicen los pacientes es que no tienen tiempo, pero luego admiten que les faltan ganas de preparar comida”, afirma Ridner. Y explica que la soledad también pesa: sin compañía, se consideran inútiles o deprimentes acciones como cocinar, sentarse a la mesa y hasta usar cubiertos. El problema de estos hábitos es que, tarde o temprano, pasan factura. Y en algunos casos conducen al sobrepeso: “Se genera un ambiente promotor de la obesidad, con gran oferta de alimentos con muchas calorías”, explica Ravanelli.

Los jóvenes que viven solos están muy mal alimentados


Advierten sobre el peligro de una dieta poco nutritiva. Tienen entre 17 y 35 años. Consumen pocas frutas y verduras, y muchos fiambres y delivery. Dicen que es por falta de tiempo, cansancio o desidia. Según los expertos, puede ser el inicio del sobrepeso. Por cansancio. Por falta de tiempo. Para no sufrir la soledad. Excusas abundan para un problema que preocupa en forma creciente a médicos y nutricionistas: los jóvenes que viven solos se alimentan peligrosamente mal. Ya sin nadie que les cocine, abusan de los platos rápidos, los sándwiches, la pizza y los snacks, se saltean comidas y casi no consumen frutas, verduras, lácteos y carnes frescas. Estos hábitos, coinciden expertos consultados por Clarín , causan serias carencias que generan decaimiento y aumentan los riesgos de sufrir obesidad, anemia, osteoporosis y enfermedad cardiovascular, entre otros males.El fenómeno afecta especialmente a personas de entre 17 y 35 años que viven solas. Algunos son jóvenes que emigran a la ciudad a estudiar. Otros, profesionales en sus primeros años de independencia. En ambos casos, la soledad parece alejarlos de la cocina y llevarlos a tener dietas insalubres.Un estudio de la Escuela de Nutrición de la UBA mostró que más del 75% de los universitarios consume menos calorías de las recomendadas. Según Carolina Chevallier, docente de Nutrición Normal en esa institución, esto en el corto plazo “provoca adelgazamiento y pérdida de masa muscular, con el consiguiente decaimiento”.“Se observa un claro aumento de la vida en soledad, que casi siempre se asocia a malos hábitos de alimentación. Lo más común es el consumo exclusivo o preferente de comidas hechas, como alimentos envasados y fiambres, o el delivery de pizza y empanadas. Es una dieta monótona, desbalanceada, disarmónica e inadecuada”, explica Edgardo Ridner, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición. Beatriz Ravanelli, de la Asociación Argentina de Nutricionistas, coincide en el diagnóstico y detalla: “Registramos baja ingesta de frutas y hortalizas, cereales integrales, lácteos, carnes magras y pescado. Y un alto consumo de golosinas, snacks, galletitas, repostería y fiambres. De tomar, priman las bebidas azucaradas (como gaseosas y jugos), infusiones con azúcar y mucho alcohol en las salidas”. Hace seis años que Cecilia Parodi (34), vive y trabaja en su departamento de Belgrano. Reconoce que come mal y lo atribuye a la pereza. “Me da mucha fiaca cocinar”, admite. De mañana, desayuna un café con tostadas. Al mediodía, come dos fetas de queso y, a la tarde, repite el café con tostadas. Con eso, dice, “tira” hasta el día siguiente: “Es muy raro que cene”. El cansancio, sin dudas, juega un rol importante en el “mal comer”. “Lo primero que dicen los pacientes es que no tienen tiempo, pero luego admiten que les faltan ganas de preparar comida”, afirma Ridner. Y explica que la soledad también pesa: sin compañía, se consideran inútiles o deprimentes acciones como cocinar, sentarse a la mesa y hasta usar cubiertos. El problema de estos hábitos es que, tarde o temprano, pasan factura. Y en algunos casos conducen al sobrepeso: “Se genera un ambiente promotor de la obesidad, con gran oferta de alimentos con muchas calorías”, explica Ravanelli.