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lunes, 9 de julio de 2012

Sin patria ni derechos, 12 millones viven en un limbo legal


Son los “apátridas”. No tienen ciudadanía por trabas burocráticas o porque sus países ya no existen.El problema cobró vuelo en las noticias con el caso de Cayetana, una beba que nació hace dos meses en la India a partir de un alquiler de vientre. Los padres son una argentina y un español que fueron hasta Nueva Delhi a buscar a su hija. Cuando quisieron inscribirla se encontraron con que los países de nacimiento de los tres tenían reparos legales para otorgar ciudadanía y por lo tanto, sin documentos ni nacionalidad, no podían llevarse a la chiquita de allí. Esta historia  permitió conocer una pequeña parte del drama de los apátridas, personas privadas de derechos, que hoy en el mundo son cerca de 12 millones.Ciudadanos de la ex URSS sometidos a requisitos kafkianos porque ese viejo estado ya no existe más. Mujeres argelinas que renuncian a su nacionalidad para tomar la de su marido iraní y que al separarse la pierden. Naciones que no reconocen la ciudadanía al nacido en su suelo por más que viva allí toda la vida. Otras que no aceptan más a quienes dejaron el país por un largo tiempo. Estas son algunas causas que generan el limbo legal que sufren los apátridas.Como técnicamente no son ciudadanos de ningún país, con frecuencia se les niegan derechos básicos, como recibir atención médica, conseguir un empleo calificado, votar en las elecciones, entrar y salir del territorio o inscribir a sus hijos en las escuelas. Siempre depende de lo estricto que sean los países, pero en algunos casos llegan a sufrir largos períodos de arresto porque no pueden probar quiénes son ni de dónde vienen.La secesión de los países –muchas veces bienvenidas porque saldan problemas ancestrales de razas o etnias obligadas a convivir en una nación– provocan conflictos de ciudadanías en cada uno de los nuevos estados. La antigua Yugoslavia tenía mezclados a croatas, serbios, bosnios, montenegrinos, eslovenos y macedonios. Tras la guerra de los Balcanes en los años ‘90 y la disolución de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, unas 380.000 personas se refugiaron en el resto de Europa y a muchos de ellos no les reconocieron su antigua nacionalidad y por lo tanto se sostuvieron en sus nuevos países dentro de grupos étnicos y sociales marginados.“La disolución de estados como la Unión Soviética, Yugoslavia o Checoslovaquia y la formación de nuevos estados, el traspaso de territorios y el nuevo trazado de fronteras fueron las principales causas de apatridia en las última dos décadas. A menos que nuevas leyes sean redactadas, mucha gente seguirá estando afuera”, explica Mark Manly, el jefe de la Unidad de Apatridia de la Agencia de la ONU para los refugiados, la ACNUR.Zairdjan Borbonarov (59) y su esposa Saiya (59) viven ahora en la provincia de Osh, al sur del Kirguistán, lo que antes del 1991 era una de las repúblicas soviéticas. Ellos llegaron muchos años antes desde Kazajistán, al norte de la frontera y debajo del territorio ruso. Luego de la disolución de la URSS, la pareja quiso volver a su tierra porque en Kirguistán no le otorgaban ningún derecho. Pero en migraciones no les reconocieron sus antiguos pasaportes soviéticos y luego los funcionarios kazajos les informaron que su ciudadanía de origen había sido revocada por los años de ausencia. Ahora intentan conseguir la nacionalidad kirguí, para recibir una pensión y acceso a salud pública.En esta segregación de grupos también se destacan las dramáticas situaciones de los gitanos europeos (los roma), perseguidos por décadas y que continúan como apátridas; los camboyanos que no pueden regresar luego del exilio en Vietnam; los miles de bidoun que se fueron desde Kuwait a Irak o los musulmanes en el norte de Myanmar, que ahora viven en campos de refugiados en Bangladesh.Las convenciones internacionales de Naciones Unidas sobre apatridia se establecieron en 1954 (Protección de los derechos de los apátridas) y 1961 (Prevención y reducción de los casos de apatridia). En toda América sólo cinco Estados adhieren a los dos acuerdos.La Argentina sólo se sumó a la convención del ‘54 y estudia incorporar la segunda, pero es uno de los países de la región en los que los extranjeros tienen menos dificultades para conseguir la ciudadanía. A pesar de eso, todavía se encuentra casos de refugiados que llegaron al país (ver aparte) y que por décadas estuvieron sin nacionalidad o aún hoy no la tienen.http://www.clarin.com/mundo/patria-derechos-millones-viven-legal_0_733726660.html

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