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martes, 15 de junio de 2010

DIEZ AÑOS DESPUES DE DESCIFRADO EL GENOMA HUMANO AUN NO APORTO BENEFICIOS


Diez atrás, se tranquilizaron los ánimos en la carrera por la decodificación del genoma de la especie humana. El entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, anunciaban la Casa Blanca que se había completado el primer borrador del genoma, acompañado de los científicos principales que habían liderado la competencia: Francis Collins y Craig Venter.
Se trató de uno de los proyectos más ambiciosos de la humanidad, cuyas aplicaciones están en estudio aún. La competencia se había generado porque empezó como un proyecto público e internacional, y Venter salió a buscar la misma meta desde una empresa privada y con una tecnología diferente. El proyecto se terminaría definitivamente en 2003.
¿Sirvió para algo? “Sin dudas, fue útil”, respondió a Clarín el investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Omar Coso. “Sabemos hoy cuántos genes hay. Conocemos más sobre funciones de los genes o sobre zonas del ADN que pensábamos que no servían para nada. Es decir, ahora sabemos cuáles son los límites del océano. Aunque por supuesto muchas de sus profundidades nos generarán sorpresa los próximos años”.
El proyecto genoma humano había empezado en 1989 con la idea de identificar las tres mil millones de unidades químicas en el conjunto de instrucciones genéticas humanas. En 1998 se sumó el proyecto privado de la empresa Celera Genomics de Venter, con la vista puesta incorporar las secuencias del genoma a las bases de datos y patentarlas. Hasta que en 2000 se anunció públicamente la terminación del primer borrador del genoma humano secuenciado que localizaba a los genes dentro de los cromosomas. En febrero de 2001, las dos prestigiosas publicaciones científicas, Nature y Science, publicaron la secuenciación definitiva, con un 99.9% de fiabilidad y un año de antelación a la fecha prevista.
Se pensaba que esa información serviría para aclarar las raíces de las enfermedades y sus tratamientos, como el cáncer y la diabetes. Pero muchas de esas enfermedades, diez años después no tienen curas para todos, aunque sí existe un mejor manejo de los síntomas en muchos casos. Y los investigadores admiten que el conocimiento no se ha trasladado al campo de las aplicaciones. Hasta el mismo Craig Venter sostiene que “los principales beneficios del proyecto del genoma humano todavía no han alcanzado a la población”, según le dijo a Clarín, tal como se informó en la edición del 6 de junio pasado. Hace 10 años, Clinton había dicho que la decodificación “revolucionará el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la mayoría de las enfermedades humanas, cuando no de todas”.
El proyecto tuvo un costo de 3.000 millones de dólares. Y sus usos están en camino. En cuanto a los diagnósticos, por ejemplo, hay intentos de desarrollar pruebas para realizar predicciones genéticas de problemas cardíacos. Un equipo médico dirigido por Nina Paynter del Hospital de Mujeres Brigham de Boston reunió 101 variantes genéticas que habían sido vinculadas estadísticamente a afecciones cardíacas en distintos estudios de escaneo del genoma. Pero las variantes demostraron no tuvieron ningún valor en la predicción de enfermedades en 19.000 mujeres que habían sido seguidas durante 12 años, según informó el diario The New York Times. El anticuado método de tener en cuenta los antecedentes familiares sirvió mejor como orientación.
¿Qué pasó en la última década? Se generó un aluvión de descubrimientos de mutaciones causantes de enfermedades, resaltó la doctora Raquel Dodelson de Kremer, del Centro de Enfermedades Metabólicas de Córdoba, que funciona en el Hospital de Niños. “Estamos viviendo una época post-genómica muy interesante, en la que se descubren cada día más mutaciones (algunas protegen y otros nos ponen en riesgo) y otros detalles insospechados”. Mucho queda por hacerse y por revelar. Pero, entre otros logros, el proyecto del genoma permitió comprender que los seres humanos y otros animales tienen en gran medida el mismo conjunto de genes que codifican proteínas. Aunque algo nos diferencia: el conjunto humano es regulado de una manera mucho más complicada, mediante el uso elaborado del ARN, la molécula compañera del ADN.
http://www.clarin.com/sociedad/ciencia/Diez-anos-despues-descifrado-genoma-humano-no-aporto-beneficios_0_280771975.html

domingo, 14 de marzo de 2010

La ONU indagará por los abusos que padecen las familias indígenas del país


El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), que representa a unas 15 mil familias que viven en pueblos rurales, presentó a través de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) un detallado informe ante las Naciones Unidas acerca de la difícil situación de los derechos humanos en seis provincias argentinas. El relevamiento podría traer dos consecuencias: la llegada de una inspección de la ONU y, luego, una posible recomendación del organismo al gobierno argentino. Un potencial que depende, como suele ocurrir en estos casos, de un sinfín de variables políticas. Más allá de si concreta sus objetivos últimos, el trabajo tiene un peso específico.
“La tarea que se sintetizó en el informe tiene que ver con un largo camino de denunciar lo que está pasando en el campo argentino. Se demuestra la violación de los derechos humanos. Y está basado en un informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación. Esperamos que las Naciones Unidas verifiquen las denuncias y recomienden políticas para defender los derechos”, le dijo a Crítica de la Argentina Ramiro Fresneda, abogado del MNCI.

martes, 29 de diciembre de 2009

Encuentran fósiles de megamamíferos a 3.500 metros de altura


Los restos de estos extraños animales son frecuentes en la actual región Pampeana, en donde son objeto de estudio desde la época del naturalista Charles Darwin. Sin embargo, muy poco se sabe de esa fauna extinta en otras áreas del país, como en la región norte y en áreas ubicadas a grandes alturas. El hallazgo de restos fósiles de grandes mamíferos en la Quiaca por parte de pobladores locales hace pensar a los investigadores en nuevas especies aún no conocidas para la ciencia. Hasta el momento identificaron un gliptodonte y un ejemplar de macrauquenia, un animal de aspecto similar a la “mezcla” de una jirafa y un camélido.
El doctor Alfredo Zurita participó del estudio de un hallazgo paleontológico de notable interés, debido al lugar donde fueron detectados los restos fósiles de una serie de megamamíferos que habitaron la tierra hace más de 10.000 años, aproximadamente 3.700 metros sobre el nivel del mar, cerca de la localidad jujeña de La Quiaca.
El investigador del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL-CONICET) y la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) trabajó con docentes e investigadores de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJ), la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad Nacional de Chilecito y otros científicos sobre una serie de restos fósiles encontrados en la zona por una familia lugareña. InfoUniversidades lo entrevistó para conocer las peculiaridades de este nuevo trabajo de investigación, sobre el que el investigador brindó datos relevantes que aportan a entender su total magnitud.
Pasado gigante
Hasta hace 10.000 años, Sudamérica era habitada por una gran cantidad de especies de mamíferos de gran tamaño. A modo de ejemplo, el personal del centro de investigación contó que esta fauna era parecida a la que hoy se puede ver en gran parte de África. Entre los animales más extraños de ese momento era posible hallar grandes mastodontes, que según Zurita eran “muy similares a los actuales elefantes”. También toxodones, formas semejantes a los hipopótamos. Otra de las especies eran los macrauquenias, descriptos por Zurita como una “mezcla” entre una jirafa y un camélido. Pero también tigres dientes de sable y gliptodontes, similares a los actuales armadillos, pero de tamaños gigantescos. “La evolución de esta fauna tan particular fue posible, en parte, gracias al prolongado aislamiento que sufrió América del Sur durante casi 50 millones de años”, comentó el investigador.
Los restos fósiles de estos extraños animales son frecuentes en la actual región Pampeana, especialmente en la provincia de Buenos Aires, en donde son objeto de estudio desde la época del naturalista Charles Darwin. Sin embargo, es muy poco lo que se sabe acerca de esa fauna extinta en otras áreas del país, especialmente en la región norte y en áreas ubicadas a grandes alturas.
Hasta el momento, los investigadores identificaron con seguridad un gliptodonte, animales que eran muy comunes en las llanuras chaco-pampeanas. Este registro representa uno de los de mayor altitud para un gliptodonte en Sudamérica, sólo superado por algunos efectuados en las regiones andinas del Perú. El hallazgo consiste en una coraza casi completa junto con parte de la cola del animal. Es posible que otras partes del esqueleto estén aún enterradas, y no debería descartarse la posibilidad de que se trate de una nueva especie de gliptodonte. Otro registro, que aún no se encuentra claramente identificado, podría corresponder a un ejemplar de macrauquenia, animal de aspecto muy extraño.
La segunda etapa de investigación consistirá en la extracción de los restos fósiles por parte de los investigadores y su posterior preparación y limpieza en laboratorio, con el objeto de comenzar los estudios científicos correspondientes y poder identificar correctamente los restos.
Zurita explicó que, en este contexto, el hallazgo de restos de grandes mamíferos fósiles en los alrededores de la Quiaca (provincia de Jujuy) por parte de una familia de pobladores locales, motivó su viaje junto con los doctores Rodolfo Tecchi, de la Universidad Nacional de San Martín, Daniel Roisinblit, de la Universidad Nacional de Jujuy, el doctor Jorge Cajal, de la Universidad Nacional de Chilecito y Carlos Millán.
“El descubrimiento resulta de gran importancia, ya que casi no se tiene conocimiento en Argentina de esta particular fauna habitando a esas grandes altitudes (cercana a los 3.700 metros)”, aseguró el paleontólogo. También existe la posibilidad de que algunos de estos hallazgos representen nuevas especies aún no conocidas para la ciencia.
Juan Monzón Gramajo
monzongramajo@hotmail.com
Catriel López Acosta
http://infouniversidades.siu.edu.ar/infouniversidades/listado/noticia.php?id=914