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lunes, 15 de mayo de 2017

Freeganos: jóvenes argentinos viven sin dinero por elección

"Acá llegó el pedido", bromea Daniel Scalzuela, un joven de Villa del Parque mejor conocido como "el Mago", mientras sujeta con una mano un cajón lleno verduras y trata de mantener el equilibrio sobre su bicicleta. Lleva puesta una campera verde reversible de primera marca, en buen estado, que no tenía unos minutos antes. Todo ello tiene la particularidad de haber sido obtenido de la calle. El Mago, al igual que muchas otras personas, es parte del movimiento freegano, originado en Estados Unidos y que es una combinación de la palabras vegano (persona que no come carne ni derivados) y libre, que busca generar conciencia a través de la recuperación de todo lo que sea posible, incluyendo la búsqueda de comida en la basura y el uso limitado de recursos económicos. Para ellos, vivir casi sin dinero es una elección. Son, en su mayoría, jóvenes de clase media y estudiantes, que dejaron un trabajo convencional para dedicarse a esta nueva forma de vida y tratar de demostrar que es posible una existencia en mayor armonía con el medio ambiente. Si bien no se puede calcular con exactitud cuántos freeganos hay en el mundo, el movimiento se expande rápidamente y se estima que ya son más de un millón. Alcanzó a Estados Unidos, Brasil, Argentina, España, Corea, Estonia, Suiza y Gran Bretaña. En el país, ya son, al menos, cientos.

Una alimentación particular



Los freeganos critican el concepto de basura, ya que entienden que hay muchos alimentos que podrían ser recuperados, aunque los especialistas advierten el peligro de esta práctica. Según el informe "Global food losses and food waste (Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo)", realizado en mayo del 2011 por el Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnología por encargo de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se desperdician, por año, hasta 1.300 millones de toneladas de comida en buen estado en el mundo; esto es, un tercio de la producción total de alimentos. "El peligro del consumo de los productos desechados por las verdulerías está en la posibilidad que estén contaminados; si no se lavan bien, se corre el riesgo de una infección intestinal y algunos microorganismos como la Escherichia coli pueden causar la muerte", señala Lidia Busmail, doctora especializada en nutrición y antropología médica. Algunos de los freeganos -incluso- comen las verduras solamente crudas, y es lo que se conoce como crudiveganismo. "No es una práctica que se pueda recomendar sin una adecuada supervisión, y tiene límites. Los vegetales crudos, también, pueden ser vehículos de contaminación", explica María Inés Somoza, jefa de la División Nutrición de la Fundación Favaloro.

El Mago, freegano, muestra con orgullo las verduras recolectadas de la basura.. Foto: Gentileza Analía Cincotta

Recolectar basura por elección

Una noche fría, Victoria (que prefiere no dar su apellido), se encontró en una vereda con unas botas en muy buen estado. Era una solución ya que tenía puestas sandalias. Pero justo pasaba una cartonera, lo que provocó una discusión. "Puede pasar que se generen conflictos porque los cartoneros pueden sentir una especie de competencia o algo. Yo también hago lo mismo, salvo que no lo uso para vender, y tengo el mismo derecho", dice. A muchos de los freeganos les ha pasado que un amigo o familiar les diga que dejen los alimentos y la ropa para la gente que realmente las necesita. La respuesta de ellos es siempre la misma: la verdura se terminaría desperdiciando. "Me parece espectacular que estén los cartoneros, pero me gustaría que tuvieran el conocimiento de las ideas del veganismo y la salud y lo pudiesen aprovechar más porque se está desperdiciando un montón de alimento; y ellos, quizá por estar en las posiciones más débiles de la sociedad, no le están sacando provecho", opina Pablo Gowezniansky, freegano y estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de 24 años. Y agrega: "Son dos cosas muy distintas el freeganismo y los cartoneros". Un profesor de economía de la UBA estaba revisando bolsas en la calle. Un alumno lo vio, y se sorprendió. "Profe, si necesita, le puedo dar unos pesos", fue la reacción del chico. Lo que no sabía era que lo hacía por elección.
La oposición al consumo
Los que participan del movimiento quieren cambiar el sistema, aunque admiten contradicciones que se ven acentuadas, según sostienen, por vivir en la ciudad. Utilizan activamente redes sociales como Facebook para exponer sus actividades e ideas, aunque saben que esa empresa se rige por los postulados capitalistas. Pasan muchas horas en el ciberespacio, aunque sean amantes de la naturaleza. Es inusual que un freegano tenga menos de 500 amigos allí. Analía (novia del Mago y también perteneciente al movimiento), por ejemplo, tiene 2782 amigos, y el Mago ronda los 4000. "Siempre hay que hacer una relación costo- beneficio. Yo no tengo foto de perfil mía porque lo uso sólo para difundir ideas", dice el Mago. Es que el freeganismo, en la teoría, está en contra de todo lo que sea industria. La utilización de jabones para el cuerpo y el pelo, los remedios farmacéuticos, los dentífricos, los preservativos, los celulares, la televisión, todo, es motivo de planteos. Varios se lavan los dientes solamente con agua, y lo mismo hacen con la ropa (otros utilizan jabón de coco). Cada caso es singular. Con los condones, por ejemplo, algunos sólo utilizan los que se entregan gratuitamente en los hospitales para no darle dinero a las corporaciones. Otra forma de obtener desde un libro hasta una bicicleta sin utilizar dinero es conseguirlo en una feria en la que todo es gratis: la Gratiferia. A diferencia del trueque, allí no se concibe la idea de reciprocidad. El lema es "traé lo que quieras (o nada), y llevate lo que quieras". Por los puestos circulan juguetes, ropa, libros, CDs, cassettes, vinilos, tecnología, herramientas, arte, máquinas, muebles y alimentos.Muchos de los ahora freeganos, en su momento, pasaban días enteros en oficinas, hasta que se dieron cuenta que, en realidad, se sentían incómodos. Para ellos el trabajo fundamental es el autosustento. Durante trece años, Marisa Esconzábal trabajó como secretaria en un estudio contable y, de allí, se dirigía apresurada a las clases de la universidad. A veces, ni siquiera tenía tiempo de almorzar. Un día se cansó: "Todos me decían que tenía un buen sueldo y no entendían que pudiese abandonar todo. Lo sentí en su momento y no me arrepiento". Los trabajos que tienen son variados. Juan Pablo, licenciado en filosofía, da clases a chicos de entre quince y dieciséis años sobre su especialidad. Poco imaginaba que terminaría adhiriendo al movimiento. Trabajó en industrias en la parte de control de calidad, entre ellas Freddo y una empresa medicinal. "Nada que ver con ahora", dice. Tiene 35 años, y el primer cambio comenzó a los 31 cuando se hizo vegano. Hace un año fue por más y se hizo freegano, aunque la profesión le impone ciertas restricciones. "Cada tanto- dice- pantalones y camisas tengo que comprar, no puedo ir al colegio con ropa freeganeada".http://www.lanacion.com.ar/1472717-freeganos-jovenes-argentinos-viven-sin-dinero-por-eleccion

lunes, 5 de septiembre de 2016

Crudo y cocido: dos extremos poco saludables

Se dice que los extremos son malos y, según los expertos, esta frase también es atribuible a la nutrición, que debe mantener un justo equilibrio. No obstante, aparecen modas como la de la raw food, una dieta que no permite ningún alimento cocido ni tampoco procesado y por ende, muy restrictiva. No obstante, sí deben incorporarse a la alimentación vegetales crudos para aprovechar sus nutrientes al máximo. Por ende, quienes optan por aplicarle cocción a todas las verduras, tampoco aprovechan su potencial. El médico especialista en Nutrición Silvio Schraier explicó a DocSalud.com lo peligroso de los extremos.  “La raw food incluye no sólo lo crudo sino los alimentos no procesados, pero que deberían serlo. Las proteínas animales son mejores que las vegetales porque contienen aminoácidos indispensables que se obtienen de la leche, el huevo y la carne. Si la leche no es pasteurizada, estoy en riesgo de consumir gérmenes nocivos. Y tanto la clara de huevo como la carne, debe ser cocida, esta última para prevenir el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), cuyo máximo generador son las hamburguesas mal cocidas”, explicó el especialista.Según explicó el nutricionista, si sólo se eligen alimentos crudos, se pueden contar con los diversos nutrientes de un grupo de vegetales y frutas, pero faltan los aportes de hierro de buena calidad que están en las carnes y las proteínas de alta calidad  y la vitamina B12 de los productos de origen animal.A su vez, los crudívoros también se privan del consumo de cereales como arroz, trigo, cebada y centeno junto con la legumbres, que, combinados, se suelen usar como reemplazo para los productos de origen animal. También de otros vegetales como la papa, la batata y el choclo. De más está decir que todos ellos necesitan cocción para poder ser digeridos.El nutricionista aclaró que “se aconseja comer todos los días vegetales y frutas crudas y de colores variados, porque éstos tienen que ver con las vitaminas y minerales que contienen”. Es que durante la cocción, muchos de estos productos pierden una buena cantidad de nutrientes.
“Los vegetales que necesitan ser cocidos pierden nutrientes en el líquido de la cocción, por el calor o contacto con el agua. Por ejemplo, las verduras de la sopa o el caldo dejan parte de ese poder nutritivo porque se las hierve por mucho tiempo”, aclaró el experto.Por eso se sugiere cuando se pueda “realizar cocciones al vapor, más rápidas, del estilo de la comida china”, en donde los alimentos se cortan pequeños para que estén listos de forma más rápida y se empleen woks que disipan el calor por todas sus paredes.Por ende, para el Schrairer, la clave está en combinar alimentos crudos y cocidos para aprovechar todos los nutrientes, ya que los primeros no alcanzan para cubrir todas las necesidades de nutrientes que requiere el cuerpo y ciertas cocciones pueden barrer con buena parte de las propiedades de algunos productos.
La carne, un capítulo aparte
Schraier indicó que cuando este alimento se cocina bien no existe el riesgo de SUH, pero la carne tipo americana “de rápida cocción, chamuscada por afuera y roja por adentro, no está exenta de peligros”.Pero también puso en la mira al clásico asado argentino, porque “la mezcla de sal, carbón y carne puede generar sustancias nocivas de combustión, algunas similares a las del cigarrillo”. Por eso, para el experto, lo ideal es cocinar primero la carne al carbón y salarla después y no llevarla ya salada a la parrilla.  Por último aclaró que los productos ahumados deben ingerirse de manera moderada, ya que consumirlos todos los días aumenta el riesgo de tumores en el estómago y en el intestino.*El Dr. Silvio Schraier (MN 57.648) es Médico Especialista en Nutrición y Director de la Carrera de Médicos Especialistas en Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA (sede Hospital Italiano de Buenos Aires)http://www.docsalud.com/articulo/7463/crudo-y-cocido-dos-extremos-poco-saludables

sábado, 18 de julio de 2015

Una dieta más variada favorece la salud intestinal

Una pérdida de diversidad dietética durante los últimos 50 años en muchas naciones industrializadas podría ser un factor que contribuya de manera importante al auge de la obesidad, la diabetes tipo 2, los problemas gastrointestinales y otras enfermedades. Así lo sostiene Mark Heiman, vicepresidente y jefe científico en la empresa MicroBiome Therapeutics, que ha explicado su convencimiento en un congreso reciente.La dieta es el principal regulador del microbioma intestinal, el ecosistema del intestino humano.
El microbioma, integrado por billones de bacterias, necesita una dieta diversa para funcionar de forma óptima.
El microbioma, integrado por billones de bacterias, necesita una dieta diversa para funcionar de forma óptima. Sin embargo, las actuales prácticas agrícolas así como el cambio climático han contribuido a una pérdida de esa diversidad alimentaria, con aproximadamente el 75 % de la población mundial consumiendo solo 5 especies de animales y 12 especies de vegetales. De esas 12, el arroz, el maíz y el trigo aportan el 60 % de todas las calorías.Heiman argumenta que, en cualquier ecosistema, la existencia de una mayor diversidad en especies tiende a garantizar mejor la salud de dicho ecosistema. Además, en casi cualquier estado de enfermedad que ha sido estudiado hasta la fecha, el microbioma ha perdido biodiversidad.En su investigación, Heiman encontró que las personas con prediabetes y diabetes tipo 2 tenían una configuración del microbioma distinta a la de la gente sin esos trastornos de salud.El viejo refrán “Eres lo que comes”, está adoptando todo un nuevo significado a medida que las investigaciones sobre el microbioma están poniendo de manifiesto el papel que los componentes de la comida desempeñan en la microbiota del intestino y su impacto en la salud y las enfermedades humanas.http://www.rosario3.com/noticias/Una-dieta-mas-variada-favorece-la-salud-intestinal-20150718-0016.html

lunes, 15 de octubre de 2012

El auge de los nutrigenómicos


Son moléculas presentes en algunos alimentos capaces de modificar genes que expresan enfermedades. Los nutrigenómicos son moléculas presentes en alimentos de origen vegetal (fitoquímicos), capaces de modificar genes que expresan determinadas enfermedades. Los encontramos principalmente en crucíferas (brócoli, coliflor, rabanito, repollo, repollito de Bruselas, nabo), frutos de bosque (o frutos azules – rojizos – violáceos), algas marinas y hongos.
Los presentes en las crucíferas, por ejemplo, son capaces de bloquear genes que expresan cáncer de mama en la mujer, lo que implica que si una persona tiene todo un historial de antecedentes en la familia, consumiendo este tipo de producto podría llegar a evitar que el gen se exprese porque quedará bloqueado por el fitoquímico y la enfermedad no aparecerá. Los nutrigenómicos se pueden obtener de alimentos en su consumo habitual. Pueden ser frescos o con los grados de cocción apropiados que no desnaturalicen los fitoquímicos. También están presentes en jugos recién exprimidos, tisanas, etc. Y se pueden incorporar a la dieta en forma de cápsulas, comprimidos o soft-geles.
Cedoc.
Existen ya varios ensayos, no sólo en animales sino también en humanos, que permiten individualizar la cantidad de gramos a ingerir de cada alimento. La dosis deberá indicarla el profesional tratante, de acuerdo al cuadro del paciente.
Lo importante es que se cuente con un buen asesoramiento profesional.
Gracias a su descubrimiento, la ciencia evoluciona a grandes pasos. A partir del conocimiento del genoma humano se podrá vislumbrar, desde el nacimiento de una persona, cuáles son sus genes defectuosos y a partir de allí trabajar con una dieta adecuada que permita la “no expresión” de esos genes.
Los nutrigenómicos combaten enfermedades como diabetes, cáncer, artritis, Alzheimer, a través de toxicidad hística (toxicidad de los tejidos). muchos de los fitoquímicos trabajan en estimular procesos de detoxificación (por ejemplo, el sistema glutatión en el hígado), a la vez que promueven la secreción de moléculas antioxidantes (como las catalasas, entre otras). También trabajan disminuyendo citoquinas proinflamatorias y vías de señalización relacionadas al gen que puede “disparar” un proceso patológico. Se trata de una sumatoria de efectos y no sólo una actividad específica. Ya están apareciendo en el mercado farmacéutico internacional líneas de productos nutrigenómicos basados en moléculas de alimentos y plantas. De ahí la importancia de innovar en el área de la investigación científica a partir de la búsqueda de firtoquímicos allí.
(*) Presidente de la Asociación Argentina de Fitomedicina y Presidente Honorario de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina.http://mia.perfil.com/2012-10-12-313-el-auge-de-los-nutrigenomicos/