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miércoles, 5 de agosto de 2020

Un monstruo aún peor”: se está propagando otra pandemia, y no es el coronavirus

Comienza con una fiebre ligera y malestar general; después, una tos dolorosa y dificultad para respirar. Las multitudes favorecen el contagio y lo propagan en las personas cercanas. Contener un brote requiere de rastreo de contactos, así como aislamiento y tratamiento de la enfermedad durante semanas o meses.

Esta enfermedad traicionera ha llegado a todos los rincones del planeta. Es la tuberculosis, la enfermedad infecciosa más mortal del mundo, la cual cobra la vida de 1,5 millones de personas anualmente.

Hasta este año, la tuberculosis y sus aliados mortales, el VIH y el paludismo, estaban ausentes. La cantidad total de víctimas de cada enfermedad a lo largo de la década anterior estuvo en su punto más bajo en 2018, el último año del que se tienen registros disponibles.

Pero ahora, a medida que la pandemia del coronavirus se propaga por el mundo, consumiendo los recursos mundiales en materia de salud, estos adversarios continuamente olvidados están de regreso.

El COVID-19 amenaza con arruinar todos nuestros esfuerzos y devolvernos al punto en el que estábamos hace 20 años”, afirmó Pedro L. Alonso, director del Programa Mundial sobre Paludismo de la Organización Mundial de la Salud.

No es solo que el coronavirus haya hecho que los científicos desviaran su atención de la tuberculosis, el VIH y el paludismo. Los confinamientos, en especial en partes de África, Asia y América Latina, han levantado barreras infranqueables para pacientes que deben viajar a fin de conseguir diagnósticos o medicamentos, de acuerdo con entrevistas con más de una veintena de funcionarios de salud pública, médicos y pacientes de todo el mundo.

El temor al coronavirus y el cierre de las clínicas han mantenido alejados a muchos pacientes que luchan contra el VIH, la tuberculosis y el paludismo, mientras que las restricciones a los viajes por aire o por mar han limitado gravemente la entrega de medicamentos en las regiones más afectadas.

Aproximadamente el 80 por ciento de los programas para atender la tuberculosis, el VIH y el paludismo en todo el mundo han reportado interrupciones en los servicios y una de cada cuatro personas que viven con VIH ha reportado problemas para acceder a medicamentos, de acuerdo con ONUSIDA. Las interrupciones o retrasos en el tratamiento podrían provocar resistencia a los medicamentos, algo que ya representa un gran problema en muchos países.En India, donde se encuentra aproximadamente el 27 por ciento de los casos de tuberculosis del mundo, los diagnósticos han caído casi un 75 por ciento desde el inicio de la pandemia. En Rusia, las clínicas de VIH han sido transformadas para hacer pruebas de coronavirus.

La temporada de paludismo ha comenzado en África occidental, donde ocurre el 90 por ciento de los fallecimientos a causa de esta enfermedad en el mundo, pero las estrategias habituales de prevención (distribución de mosquiteros tratados con insecticida y aplicación de pesticidas en aerosol) han sido restringidas a causa de los cierres.

De acuerdo con un cálculo, un cierre de tres meses en distintas partes del mundo y un retorno gradual a la normalidad a lo largo de diez meses podría tener como consecuencia un aumento de 6,3 millones de casos de tuberculosis y 1,4 millones de fallecimientos a causa de esta enfermedad.

Una interrupción de seis meses de la terapia antirretroviral podría derivar en más de 500.000 fallecimientos adicionales por enfermedades relacionadas con el VIH, de acuerdo con la OMS. Otro modelo de la OMS pronosticó que, en el peor de los casos, los fallecimientos a causa del paludismo podrían duplicarse a 770.000 por año.

Muchos expertos en salud pública, algunos al borde del llanto, advirtieron que, de continuar las tendencias actuales, el coronavirus podría retrasar varios años, o incluso décadas, el esmerado progreso en contra de la tuberculosis, el VIH y el paludismo.

El Fondo Mundial, una sociedad pública y privada para el combate de estas enfermedades, calcula que mitigar este daño requerirá al menos 28.500 millones de dólares, una cantidad que es poco probable que se materialice.

Si analizamos la historia, el impacto del coronavirus en los pobres será visible mucho tiempo después del término de la pandemia. Por ejemplo, la crisis socioeconómica en Europa del este a principios de la década de 1990 derivó en los índices más elevados del mundo de un tipo de tuberculosis que era resistente a muchos medicamentos, una distinción dudosa que la región sigue teniendo actualmente.

El punto de inicio de esta terrible cadena de sucesos es la falta de diagnósticos: mientras más prolongado sea el periodo que una persona vive sin un diagnóstico, y más tarde el inicio del tratamiento, hay mayores probabilidades de que la enfermedad infecciosa se propague, enferme a otras personas y les provoque la muerte.

A mayor cantidad de casos sin diagnóstico ni tratamiento, mayores casos habrá el año siguiente y el posterior”, señaló Lucica Ditiu, quien dirige la Alianza Stop TB, un consorcio internacional de 1700 grupos que luchan contra la enfermedad.La infraestructura construida para diagnosticar el VIH y la tuberculosis ha sido una ayuda para muchos países que están combatiendo el coronavirus. GeneXpert, la herramienta utilizada para detectar material genético de las bacterias de la tuberculosis y del VIH, también pueden amplificar el ácido ribonucleico (ARN) para diagnosticar el coronavirus.

No obstante, ahora muchas clínicas están usando los aparatos únicamente para detectar el coronavirus. Poner el coronavirus como prioridad sobre la tuberculosis es “muy tonto desde el punto de vista de la salud pública”, dijo Ditiu. “En realidad debes ser listo y detectar ambos”.

Un médico realiza control a pacientes COVID-19 en el Hospital El Cruce de Florencio Varela el 30 de julio de 2020, en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

En un país tras otro, la pandemia ha dado lugar a un fuerte descenso de los diagnósticos de tuberculosis: una reducción del 70 por ciento en Indonesia, del 50 por ciento en Mozambique y Sudáfrica, y el 20 por ciento en China, según la OMS.

A finales de mayo en México, mientras las infecciones por coronavirus aumentaban, los diagnósticos de tuberculosis registrados por el gobierno cayeron a 263 casos de los 1097 registrados en la misma semana del año pasado.

La pandemia también está reduciendo el suministro de pruebas de diagnóstico para estas enfermedades asesinas, conforme las empresas recurren a la fabricación de pruebas más costosas para detectar el coronavirus. Cepheid, el fabricante de pruebas diagnósticas para la tuberculosis con sede en California, ha pasado a hacer pruebas de coronavirus. Las empresas que hacen pruebas de diagnóstico para el paludismo están haciendo lo mismo, de acuerdo con Catharina Boehme, directora ejecutiva de la Fundación para Nuevos Diagnósticos Innovadores.

Las pruebas de coronavirus son mucho más lucrativas, pues tienen un costo de unos 10 dólares, en comparación con los 18 centavos de una prueba rápida de paludismo.

Estas empresas “tienen una gran demanda de pruebas para COVID-19 en este momento”, afirmó Madhukar Pai, director del Centro Internacional McGill para la Tuberculosis en Montreal. “No puedo imaginar que las enfermedades de la pobreza reciban atención en este espacio”.

La pandemia ha obstaculizado la disponibilidad de medicamentos para el VIH, la tuberculosis y el paludismo en todo el mundo al interrumpir las cadenas de suministro, desviar la capacidad de fabricación e imponer barreras físicas para los pacientes que deben viajar a clínicas distantes para recoger los medicamentos.

Esta escasez está obligando a algunos pacientes a racionar sus medicamentos, poniendo en peligro su salud. En Indonesia, la política oficial es proporcionar un mes de suministro de medicamentos a la vez a los pacientes con VIH, pero últimamente ha sido difícil conseguir la terapia antirretroviral fuera de Yakarta.

Las personas con VIH y tuberculosis que suspenden el tratamiento tienen más probabilidades de enfermarse a corto plazo. A largo plazo, hay una consecuencia aún más preocupante: un aumento de las formas de resistencia a los medicamentos de estas enfermedades. La tuberculosis que ya es resistente a los medicamentos es una amenaza tan grande que se vigila a los pacientes muy de cerca durante el tratamiento, una práctica que en su mayoría ha sido suspendida durante la pandemia.

De acuerdo con la OMS, al menos 121 países han notificado una reducción en la cantidad de pacientes con tuberculosis que acuden a las clínicas desde que comenzó la pandemia, lo que pone en peligro los logros alcanzados con tanto esfuerzo.

“Esto es realmente difícil de procesar”, dijo Ditiu. “Se requirió de mucho trabajo para llegar a donde estamos. No estábamos en la cima de la montaña, pero estábamos lejos del pie, entonces vino una avalancha y nos lanzó de nuevo hasta abajo”.En muchos lugares, los cierres se impusieron con tal rapidez que las existencias de medicamentos se agotaron rápidamente.

Incluso si los gobiernos estuvieran preparados, con un poco de ayuda de los grandes organismos de asistencia humanitaria, para comprar medicamentos con meses de antelación, el suministro mundial podría agotarse pronto.

“La interrupción de las cadenas de suministro es algo que realmente me preocupa… en el caso del VIH, la tuberculosis y el paludismo”, dijo Carlos del Río, presidente del consejo científico asesor del Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA.

La exageración acerca de la cloroquina como posible tratamiento para el coronavirus ha llevado al acaparamiento del medicamento en algunos países como Birmania y ha agotado sus reservas mundiales.

Dependemos mucho de unos cuantos desarrolladores o fabricantes clave para todos los medicamentos del mundo, y eso debe diversificarse”, señaló Meg Doherty, quien dirige programas de VIH en la OMS. “Si hubiera más depósitos de medicamentos desarrollados localmente o fabricantes farmacéuticos, estarían más cerca del punto de necesidad”.

Las organizaciones de asistencia humanitaria y los gobiernos están tratando de mitigar algunos de los daños mediante la extensión de suministros y el almacenamiento de medicamentos. En junio, la OMS modificó su recomendación para el tratamiento de la tuberculosis resistente a los medicamentos. En lugar de 20 meses de inyecciones, los pacientes ahora pueden tomar pastillas de nueve a once meses. El cambio significa que los pacientes no tienen que trasladarse a las clínicas, que cada vez están menos disponibles a causa de los cierres.

En algunos países, como Sudáfrica, la mayoría de los pacientes ya recogen los medicamentos en centros comunitarios en lugar de hospitales, aseguró Salim S. Abdool Karim, experto en salud mundial en Sudáfrica y presidente de un comité asesor del gobierno sobre COVID-19. “Esa ha sido una ventaja importante en cierto modo”.2020 The New York Times Company.

https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2020/08/05/un-monstruo-aun-peor-se-esta-propagando-otra-pandemia-y-no-es-el-coronavirus/

jueves, 14 de octubre de 2010

La OMS pide más fondos para evitar 10 millones de muertes por tuberculosis

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que se necesitan 46.700 millones de dólares hasta 2015 para evitar que más de diez millones de personas mueran a causa de la tuberculosis. "Si no se dan espectaculares ascensos en la recaudación y en el compromiso político en los próximos cinco años, más de diez millones de vidas se perderán a causa de esta enfermedad curable", subrayan desde un informe.
De este número de muertes, cuatro millones corresponderían a mujeres y niños, de acuerdo con el plan "STOP Tuberculosis" de la OMS, puesto en marcha en 2006, y actualizado hoy en su itinerario hasta 2015, debido a las fluctuaciones en el precio de los tratamientos, especialmente para los enfermos de tuberculosis y sida.
Por ejemplo, el coste estimado en 2005 de un tratamiento antirretroviral de seis meses para combatir el VIH asociado a la tuberculosis ascendía a 1.000 dólares por paciente, mientras que actualmente el precio ha descendido a cerca de la mitad.
Pero esta cifra se compensa con que cuando se lanzó el citado plan se calculaba que sólo el 50% de los enfermos de tuberculosis que son, además, portadores del virus del VIH, eran aptos para tratamientos antirretrovirales, mientras que ahora se considera que todos los seropositivos deben empezar con este tipo de cura.
En cambio, el precio de los regímenes terapéuticos recomendados para los enfermos de tuberculosis multirresistente ha aumentado en ciertas partes del mundo, lo que, junto a los "progresos" de este plan desde 2006, ha llevado a la OMS a actualizar su programa contra la tuberculosis.En el último lustro, la incidencia de esta enfermedad ha descendido levemente desde su pico en 2004, de igual manera que ha bajado desde el 2000 la tasa de muertes por tuberculosis. Para la organización sanitaria de la ONU, el 87% de los tratamientos fueron exitosos gracias a haber usado sus recomendaciones. No obstante, se siguen dando nueve millones de nuevos diagnósticos de la enfermedad cada año, de los que medio millón de casos son resistentes a los tratamientos convencionales. De los nuevos afectados por tuberculosis al año, 1,5 millones son también portadores del virus del sida.Anualmente, la tuberculosis acaba con dos millones de vidas, y desde que se implantó el plan "STOP Tuberculosis", el número de afectados ha crecido levemente en términos absolutos, si bien ha descendido cerca del 1% en relación al aumento de la población. Pero el 55% de los casos se presentan en Asia y el 30%, en África.
Así, la OMS estima que el tratamiento de la tuberculosis resulta crucial para lograr los objetivos del milenio de la ONU en materia de reducción de la pobreza, VIH, y mortalidad infantil y femenina.
Para ello, y para evitar que hasta 2015 se desarrollen más de 50 millones de enfermedades activas de tuberculosis, ha decidido dividir las aportaciones que reciba en un 79% para la aplicación de tratamientos, y en el 31% restante para Investigación y Desarrollo (I+D).
La OMS reclama por tanto 36.900 millones de dólares para los tratamientos de tuberculosis, y 9.800 millones de dólares para la I+D, destinados por ejemplo al estudio de nuevos medicamentos.
Con esta dotación, la OMS considera que se ahorraría el internamiento innecesario en orfanatos de millones de niños, y se podría alcanzar la meta marcada en 2006 de reducir a la mitad la tasa de muerte por tuberculosis en 2015 respecto a su nivel de 1990.
http://www.docsalud.com/articulo/1311/la-oms-pide-más-fondos-para-evitar-10-millones-de-muertes-por-tuberculosis

lunes, 9 de agosto de 2010

Los pobres tienen remedio


La Universidad Nacional de Rosario efectuó la primera entrega al sistema de salud provincial, en forma gratuita, de un medicamento contra la hidatidosis llamado albendazol: pertenece al grupo de las drogas llamadas “huérfanas”, cuya producción desdeñan los laboratorios comerciales porque no es suficientemente rentable. El laboratorio universitario, perteneciente a la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas rosarina, se propone también elaborar fármacos “huérfanos” contra la tuberculosis –incluida la temible “multirresistente”– y contra el mal de Chagas. La situación es particularmente grave en este último caso, ya que –según advirtió el director del Instituto Nacional de Parasitología– se están entregando las últimas dosis del principal remedio contra esta enfermedad, que la industria privada dejó literalmente huérfana.
El viernes pasado, la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario hizo entrega oficial del primer lote del antiparasitario albendazol, compuesto por 2000 cápsulas. El medicamento será distribuido gratuitamente a todos los servicios públicos de salud de la provincia de Santa Fe.
“La hidatidosis es una enfermedad que, aunque no muy frecuente, es bastante severa, y afecta en especial a las poblaciones rurales de la región santafesina”, señaló Claudia Balagué, decana de la Facultad. La producción de este fármaco es reducida en la industria privada. “El precio comercial de la cantidad necesaria para un tratamiento llega a los 3500 pesos, a razón de 60 pesos diarios”, precisó la decana.
El albendazol así elaborado sólo podrá distribuirse en la provincia de Santa Fe, ya que “la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica) no concedió hasta ahora a nuestro laboratorio la habilitación para distribuir a nivel nacional”, aclaró la decana.
La elaboración en la planta piloto de la facultad rosarina se efectúa en el marco de la Red Provincial Pública de Producción, Investigación y Tecnología Farmacéutica, conformada el año pasado en Santa Fe, con aportes de las universidades de Rosario y el Litoral, del Ministerio de Salud provincial y de la municipalidad rosarina.
“Básicamente nos ocupamos de los llamados ‘medicamentos huérfanos’: a la industria privada no le interesa producirlos porque su precio es muy bajo o porque conciernen a poblaciones muy pobres o muy reducidas; entonces, aun siendo muy necesarios, pierden presencia en el mercado”, explicó Balagué.
La decana anunció “una segunda etapa centrada en la producción de medicamentos para tratar la tuberculosis, incluida la multirresistente, que es ya una problemática seria a nivel mundial”. Para la tuberculosis en general, producirán “isoniacida, incluso en su formulación pediátrica que es poco accesible en el mercado. Para la multirresistente produciremos etionamida, que directamente no se consigue, y los pacientes pueden morir por esta carencia”.
Un proyecto de máxima del mismo laboratorio es “lograr la producción del antichagásico benznidazol, que es muy difícil de conseguir”, anticipó Balagué.
Andrés Ruiz, titular del Instituto Nacional de Parasitología Fatala Chabén, advirtió a este diario que “se están entregando las últimas dosis de benznidazol, cuya producción fue discontinuada por el laboratorio Roche. Un laboratorio público brasileño ha empezado por su parte a producirlo, pero todavía no se sabe si va a estar en condiciones de abastecer a todo el continente o si se limitará a las necesidades de su país. Su elaboración era uno de los principales objetivos del Programa de Producción Pública de Medicamentos”, que había empezado a desarrollarse a nivel nacional.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-150982-2010-08-09.html