Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta cortisol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cortisol. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de agosto de 2022

Vivir mejor: la ciencia descubrió qué hábitos alargan la vida

 ¿Ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío? ¿Siempre te fijás en el lado bueno de la vida? Si es así, te sorprenderá saber que esta tendencia puede ser buena para tu salud. Varias investigaciones ya demostraban que los optimistas disfrutan de un mayor nivel de bienestar, mejor sueño, menos estrés e incluso mejor salud cardiovascular e inmunológica.Y ahora, un estudio reciente indica que ser optimista se relaciona con una vida más largaPara realizar este estudio, los investigadores examinaron la vida de casi 160.000 mujeres de entre 50 y 79 años durante un período de 26 años. Al comienzo, las participantes completaron un cuestionario para medir su optimismo.

Aquellas con las puntuaciones más altas se clasificaron como optimistas y las de las puntuaciones más bajas pesimistas.Años después, en 2019, los investigadores hicieron un seguimiento de las participantes que aún vivían, y también estudiaron las vidas de las que habían muerto. Hallaron que aquellas con niveles más altos de optimismo tenían más probabilidades de vivir más tiempo. Además, las optimistas tenían más probabilidades que las pesimistas de vivir hasta los 90 años. Los investigadores consideran este límite como “longevidad excepcional”, teniendo en cuenta que el promedio de vida de las mujeres en los países desarrollados es de unos 83 años.

Lo que hace especialmente impresionantes estos hallazgos es que los resultados mantuvieran su validez incluso después de tener en cuenta otros factores que influyen en la longevidad, como el nivel de educación, el estatus económico, el origen étnico o si una persona sufre de depresión u otras condiciones de salud crónicas.Como esta investigación solo analizaba a mujeres, no está claro si sus resultados se pueden aplicar a los hombres.Sin embargo, otro estudio con participantes de ambos géneros reveló que las personas con mayores niveles de optimismo disfrutan de una esperanza de vida entre un 11% y un 15% mayor que los menos optimistas.

¿La fuente de la juventud?

Entonces, ¿por qué los optimistas viven más tiempo? A primera vista, parece que puede tener relación con su estilo de vida más sanoPor ejemplo, varios estudios han vinculado el optimismo a mantener una dieta saludable, ser físicamente activo y menos propenso a fumar cigarrillos. Se sabe que los hábitos saludables mejoran la salud del corazón y reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular, una de las principales causas de muerte en el mundo. Adoptar un estilo de vida sano también es importante para reducir el riesgo de otras enfermedades potencialmente mortales, como la diabetes y el cáncer. Pero tener un estilo de vida saludable puede ser solo uno de varios factores por los que los optimistas viven más años en promedio.



El citado último estudio deduce que el estilo de vida solo influye un 24% en la relación entre el optimismo y la longevidad. Esto sugiere que hay una serie de otros factores que alargan la vida de los optimistas.Otra posible razón podría ser la forma en que los optimistas manejan el estrés.

Cuando se enfrentan a una situación estresante, tienden a enfrentarla de cara; usan estrategias adaptativas que les ayudan a resolver el origen del estrés o ver la situación de una manera menos estresante.Por ejemplo, generalmente los optimistas resuelven problemas y planifican las formas de lidiar con lo que les estresa, piden apoyo a otros o tratan de encontrar un “lado positivo” en una situación de ese tipo. Todos estos enfoques son conocidos por reducir la sensación de estrés, así como las reacciones biológicas que ocurren cuando nos sentimos estresados.Estas reacciones biológicas al estrés, como el aumento del cortisol (a veces llamado la “hormona del estrés”), de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, así como el deterioro del funcionamiento del sistema inmunitario, pueden afectar la salud con el tiempo y aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades potencialmente mortales, como las cardiovasculares.En resumen, la forma en la que los optimistas afrontan el estrés puede ayudar a protegerlos un poco contra sus efectos nocivos.

Mirar siempre el lado positivo

Los investigadores suelen ver el optimismo como un rasgo de la personalidad relativamente estable que está determinado por influencias tanto genéticas como de la primera infancia (por ejemplo, tener una relación segura y cálida con los padres o cuidadores). Pero, si uno no es propenso por naturaleza a ver el vaso medio lleno, hay algunas formas en las que se puede aumentar la capacidad de ser optimista. Las investigaciones demuestran que el optimismo puede cambiar con el tiempo y trabajarse con ejercicios simples.

Por ejemplo, visualizarlo y luego escribir sobre tu “mejor yo posible” (una versión futura de uno mismo que ha logrado sus objetivos) es una técnica que, según los estudios, puede aumentar significativamente el optimismo, al menos temporalmente.Pero, para obtener los mejores resultados, los objetivos deben ser tanto positivos como razonables, y no simples ilusiones. Del mismo modo, solo el hecho de pensar en eventos futuros positivos también puede ser efectivo para impulsar el optimismo.

También es crucial moderar cualquier expectativa de éxito con una visión precisa de lo que uno puede y no puede controlar. El optimismo se refuerza cuando experimentamos los resultados positivos que esperamos y puede disminuir cuando estos resultados no son los que queríamos. Aunque hace falta más investigación, se cree que imaginarse a sí mismo de forma habitual con los mejores resultados posibles y tomar medidas realistas para lograrlos puede ayudar a desarrollar una mentalidad optimista. Sobre esto último, muchos pueden pensar que es más fácil decirlo que hacerlo. Si no sos optimista por naturaleza, lo mejor para aumentar las posibilidades de longevidad es vivir un estilo de vida saludable: mantenerte físicamente activo, comer una dieta sana, controlar el estrés y dormir bien por la noche. Si a esto se le añade desarrollar una mentalidad más optimista, se pueden ampliar aún más las posibilidades de una vida larga.

https://www.lanacion.com.ar/salud/viven-mas-los-optimistas-esto-es-lo-que-dice-la-ciencia-y-claves-para-mirar-el-vaso-medio-lleno-nid27062022/

jueves, 19 de enero de 2017

Hambre emocional: cuando el estrés nos hace comer de más

El estrés es una reacción fisiológica de nuestro organismo, que nos permite pelear o huir ante una amenaza. Lo interesante, y a la vez riesgoso, es que este sistema reacciona igual frente a un ladrón armado, un león furioso, un jefe enojado o un vecino quejoso. También se despierta ante un examen, una entrevista laboral o una primera cita amorosa. El asunto es que el ladrón armado o el león furioso son amenazas reales a nuestra supervivencia, mientras que las demás situaciones no lo son. Es decir, no constituyen un peligro de vida.Como los humanos tenemos un único mecanismo para defendernos frente a una amenaza, este se activa igual ante una real que ante aquella que nuestra subjetividad interpreta como real.Decimos, entonces, que el estrés percibido es una forma de filtrar el mundo. Nosotros somos algo así como un colador: simbólicamente, lo que colamos tiene un antes y un después. Cambia, se transforma, al atravesar nuestra subjetividad. Diversos estudios señalan al estrés y a las emociones como potentes disparadores de ingesta. Es decir que una emoción negativa puede llevar a comer sin hambre real. Se trata de un mecanismo de afrontamiento. No necesitamos comida, sólo calma; pero nos llevamos comida a la boca porque sabemos que la comida nos ofrece esa tranquilidad que andamos buscando. ¿Por qué? Es simple: los alimentos disminuyen la hormona del estrés, el cortisol.
El problema de tapar todo con comida
Desde pequeños nos acostumbramos a calmarnos con comida, en lugar de buscar otros recursos. O, en otras palabras, en lugar de intentar hallar la solución apropiada para cada tipo de estrés o emoción que nos invade. Si nos sentimos solos, lo mejor sería llamar a un amigo. Si estamos enojados, lo apropiado sería resolver el conflicto que derivó en esa sensación. Si estamos nerviosos frente a un examen, deberíamos estudiar más.El problema es que la comida está siempre, es una alternativa de fácil acceso. Y nos calma. Es como el tecito de la secretaria de la escuela cada vez que nos golpeábamos o peleábamos con alguien o nos dolía la panza. Algo así como un efecto placebo.Para desandar esta costumbre de comer para tapar emociones o estrés, propongo “puntos de pausa”: se trata de “parar la pelota” y pensar si lo que sentimos es hambre real o emocional.Algunas estrategias que funcionan como puntos de pausa son de postergación, relajación, distracción (usar spray bucal, respirar, resolver juegos de mente, realizar manualidades, practicar actividad física, llamar a un amigo o familiar). En algunos casos es necesario recurrir a algún tipo de psicoterapia o fármaco que permita aliviar el estrés.Lo importante es saber que las emociones no deben evitarse: son una guía para tomar conciencia de cómo estamos, qué necesitamos, cómo somos. Detectarlas y trabajarlas para que no afecten de manera negativa nuestra vida diaria es una tarea ardua, pero en la que vale la pena involucrarse.http://www.docsalud.com/articulo/7737/hambre-emocional-cuando-el-estr%C3%A9s-nos-hace-comer-de-m%C3%A1s
*La Dra. Mónica Katz es médica especialista en Nutrición.

viernes, 14 de junio de 2013

Por qué el estrés crónico engorda?

Existen quienes dicen que los nervios hacen adelgazar, pero también están los que aseguran que hecho de estar alterado engorda. Según la ciencia, ambas respuestas son correctas, aunque todo depende del tipo de estrés que se tenga. El llamado “estrés agudo” es el que es provocado por un hecho abrupto acotado en el tiempo (como por ejemplo una desgracia familiar) y al presentarse genera pérdida de apetito. Mientras que el “crónico” es aquel que se produce en forma constante gracias a las presiones de la vida diaria. Según la Asociación Americana de Psicología, “desgasta a las personas día tras día, año tras año” y “destruye al cuerpo, la mente y la vida” A este estado pueden producirlo la mala situación económica, las familias disfuncionales, un matrimonio infeliz o un empleo que se detesta. De acuerdo con la entidad norteamericana surge “cuando la persona no ve salida a una situación deprimente” y por lo tanto “abandona la búsqueda de soluciones”. Cuando la satisfacción no se halla una posible mejora, se buscan recompensas inmediatas a través de la comida, lo que aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad. Esto incrementa las chances de sufrir síndrome metabólico, un cuadro que abarca un conjunto de enfermedades que van desde la diabetes hasta la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia. Según explicó la doctora Rosa Labanca, médica nutricionista y directora del Centro de Docencia, Asistencia e Investigación de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA), explicó que en tiempos de estrés “se come con  más frecuencia y se aumenta la ingesta de alimentos palatables, es decir aquellos que son agradables al paladar y altamente adictivos”. 
Esto ocurre porque con el nerviosismo crónico “se altera el eje hipotalámico, pituitario y adrenal (HPA), lo que hace que se liberen grandes cantidades de cortisol, la hormona del estrés” y se produzcan estos “cambios en el comportamiento alimentario”. En concreto, con el estrés crónico, baja la dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y para subirla transitoriamente “se eligen alimentos engordantes como galletitas y chocolates y se repite la ingesta ni bien el nivel de dopamina baja”, explicó la experta. De hecho, Labanca relató que está demostrado que estos comestibles ricos en carbohidratos, grasas y azúcares “causan el mismo efecto en el cerebro que la cocaína, la nicotina, el alcohol y la actividad sexual”. Entre los estudios que vinculan al estrés con una ingesta mayor de calorías se encuentra una investigación de Lisa Groesz, publicada en la revista Appetite que el 43% de los encuestados empleaba a la comida como una ayuda para bajar los nervios y que las mujeres son más susceptibles a elegir productos dulces y grasosos. A su vez, la investigación indicó que las personas más reactivas al cortisol elevado reportaron una mayor ingesta de snacks.
¿Pero por qué el estrés crónico lleva a comer más? Porque el cortisol inhibe la actividad de la leptina, una proteína que informa al hipotálamo que ya se poseen suficientes reservas y que se debe regular el apetito.
Basados en la premisa de que el cuerpo es una maquinaria perfecta y sus partes están estrechamente relacionadas, los médicos opinan que la obesidad asociada al estrés debe ser tratada en forma mutidisciplinaria. Es decir, un paciente que sufre de nervios no sólo debería visitar a un nutricionista, sino también adoptar “técnicas cognitivo-conductuales para manejar la ansiedad, como relajación y actividad física, aunque en ocasiones también se necesita ayuda del psicólogo o el psiquiatra”, indicó Labanca.
 Estos apoyos se necesitan “para que la persona incorpore pautas de vida saludables, y dado que el disconfort emocional lleva a comer en forma inadecuada, se apunta a promover una actitud positiva ante los desafíos cotidianos, como por ejemplo no decir ‘estoy a dieta’ sino ‘elijo esto para sentirme bien’”, agregó la nutricionista. La clave es llegar a tiempo y evitar la aparición del síndrome metabólico, estrechamente asociado a la grasa abdominal, que es la más peligrosa porque la grasa acumulada en la panza, también llamada “obesidad androide” aumenta el riesgo cardiovascular. Para prevenir este acaparamiento, el nutricionista puede complementar los planes alimentarios vigilados con alternativas farmacológicas orientadas a eliminar los lípidos, o bien suplementos dietarios que reducen la cantidad de grasas en personas físicamente activas. Es que hoy, más que nunca, mantenerse en forma es todo un desafío. De hecho, una investigación publicada en la revista Phisiology and Behavior señaló que el estilo de vida moderno se equipara a un “ambiente obesogénico”, ya que incluye la falta de sueño, alta exigencia, empleos sedentarios a causa de la tecnología y alta oferta de alimentos palatables. A su vez, agregó que pasar varias horas frente a la computadora y mirar televisión inducen a consumir alimentos sin que exista hambre.
Ante este contexto, se producen grandes desafíos tanto para el médico como el paciente, ya que el primero deberá elegir las herramientas precisas para que la persona pueda aprender hábitos saludables más allá de la carrera de obstáculos que se presentan y quien desea bajar de peso tiene que aprender a tener paciencia para elegir los alimentos y no comer lo que se tenga a mano, para realizar caminatas y para también dormir 8 horas diarias, ya que el sueño se relaciona con el equilibrio hormonal.http://www.docsalud.com/articulo/4769/por-qué-el-estrés-crónico-engorda.Por: Celina Abud