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martes, 25 de junio de 2013

Sugerencias para no engordar en invierno


La nutricionista Mónica Katz dijo que es posible mantener el
 peso y no aumentar el consumo de grasas a pesar de la 
necesidad de calentar el cuerpo. Preocupación por el avance
 de la obesidad infantil.¿Cómo hacer para no engordar en el
 invierno, cuando el cuerpo pide calorías? La nutricionista Mónica
 Katz dijo que es posible mantener el peso en los días
de frío y planteó tres sugerencias: pensar que no son tan bajas las
 temperaturas que soportamos pues es poco el tiempo que estamos
 afuera, hacer comidas que calienten el cuerpo pero sin tantas grasas
 y medir las cantidades. En diálogo con el programa A diario, que
 conduce AlbertoLotuf en Radio 2, dijo que hay que dejar de
pensar que en invierno tenemos más hambre.


Y que si es necesario calentar el cuerpo se puede hacer un guiso,
 por ejemplo de arroz o fideos, pero sin ponerle tanta grasa.
 “Sin chorizo colorado ni panceta. Hasta puedo hacer un locro saludable”
 sugirió. El otro punto es el de las cantidades. La especialista instó a
cocinar lo justo y necesario. Nada de “cocinar para guardar”, pues lo
que eso hace es que se coma más de un plato.- “Al final
 se guarda, pero en la panza”, bromeó.Además, dijo que es “un mito”
 que la ensalada no es para el invierno.En cuanto a la cantidad de
comidas al día, sostuvo que deben ser entre tres y seis al día. “Más o
 menos de esa cantidad engorda”, remarcó.¿Por qué si se come
 menos a veces se engorda más? Porque eso genera “una deuda”
que en algún momento “se paga”. En este caso, “con
 comida, en algún momento comés de más”.Por otra parte, llamó
 la atención sobre la obesidad infantil, que según ella está en aumento.

Por eso sugirió “negociar con los chico horas de pantalla”, ya sea 
televisión, play o computadora.Y que aún en invierno se debe fomentar
 la práctica de deportes. Si no se puede en la calle, en un club.
http://www.rosario3.com/salud/noticias.aspx?idNot=131827

viernes, 14 de junio de 2013

Por qué el estrés crónico engorda?

Existen quienes dicen que los nervios hacen adelgazar, pero también están los que aseguran que hecho de estar alterado engorda. Según la ciencia, ambas respuestas son correctas, aunque todo depende del tipo de estrés que se tenga. El llamado “estrés agudo” es el que es provocado por un hecho abrupto acotado en el tiempo (como por ejemplo una desgracia familiar) y al presentarse genera pérdida de apetito. Mientras que el “crónico” es aquel que se produce en forma constante gracias a las presiones de la vida diaria. Según la Asociación Americana de Psicología, “desgasta a las personas día tras día, año tras año” y “destruye al cuerpo, la mente y la vida” A este estado pueden producirlo la mala situación económica, las familias disfuncionales, un matrimonio infeliz o un empleo que se detesta. De acuerdo con la entidad norteamericana surge “cuando la persona no ve salida a una situación deprimente” y por lo tanto “abandona la búsqueda de soluciones”. Cuando la satisfacción no se halla una posible mejora, se buscan recompensas inmediatas a través de la comida, lo que aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad. Esto incrementa las chances de sufrir síndrome metabólico, un cuadro que abarca un conjunto de enfermedades que van desde la diabetes hasta la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia. Según explicó la doctora Rosa Labanca, médica nutricionista y directora del Centro de Docencia, Asistencia e Investigación de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA), explicó que en tiempos de estrés “se come con  más frecuencia y se aumenta la ingesta de alimentos palatables, es decir aquellos que son agradables al paladar y altamente adictivos”. 
Esto ocurre porque con el nerviosismo crónico “se altera el eje hipotalámico, pituitario y adrenal (HPA), lo que hace que se liberen grandes cantidades de cortisol, la hormona del estrés” y se produzcan estos “cambios en el comportamiento alimentario”. En concreto, con el estrés crónico, baja la dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y para subirla transitoriamente “se eligen alimentos engordantes como galletitas y chocolates y se repite la ingesta ni bien el nivel de dopamina baja”, explicó la experta. De hecho, Labanca relató que está demostrado que estos comestibles ricos en carbohidratos, grasas y azúcares “causan el mismo efecto en el cerebro que la cocaína, la nicotina, el alcohol y la actividad sexual”. Entre los estudios que vinculan al estrés con una ingesta mayor de calorías se encuentra una investigación de Lisa Groesz, publicada en la revista Appetite que el 43% de los encuestados empleaba a la comida como una ayuda para bajar los nervios y que las mujeres son más susceptibles a elegir productos dulces y grasosos. A su vez, la investigación indicó que las personas más reactivas al cortisol elevado reportaron una mayor ingesta de snacks.
¿Pero por qué el estrés crónico lleva a comer más? Porque el cortisol inhibe la actividad de la leptina, una proteína que informa al hipotálamo que ya se poseen suficientes reservas y que se debe regular el apetito.
Basados en la premisa de que el cuerpo es una maquinaria perfecta y sus partes están estrechamente relacionadas, los médicos opinan que la obesidad asociada al estrés debe ser tratada en forma mutidisciplinaria. Es decir, un paciente que sufre de nervios no sólo debería visitar a un nutricionista, sino también adoptar “técnicas cognitivo-conductuales para manejar la ansiedad, como relajación y actividad física, aunque en ocasiones también se necesita ayuda del psicólogo o el psiquiatra”, indicó Labanca.
 Estos apoyos se necesitan “para que la persona incorpore pautas de vida saludables, y dado que el disconfort emocional lleva a comer en forma inadecuada, se apunta a promover una actitud positiva ante los desafíos cotidianos, como por ejemplo no decir ‘estoy a dieta’ sino ‘elijo esto para sentirme bien’”, agregó la nutricionista. La clave es llegar a tiempo y evitar la aparición del síndrome metabólico, estrechamente asociado a la grasa abdominal, que es la más peligrosa porque la grasa acumulada en la panza, también llamada “obesidad androide” aumenta el riesgo cardiovascular. Para prevenir este acaparamiento, el nutricionista puede complementar los planes alimentarios vigilados con alternativas farmacológicas orientadas a eliminar los lípidos, o bien suplementos dietarios que reducen la cantidad de grasas en personas físicamente activas. Es que hoy, más que nunca, mantenerse en forma es todo un desafío. De hecho, una investigación publicada en la revista Phisiology and Behavior señaló que el estilo de vida moderno se equipara a un “ambiente obesogénico”, ya que incluye la falta de sueño, alta exigencia, empleos sedentarios a causa de la tecnología y alta oferta de alimentos palatables. A su vez, agregó que pasar varias horas frente a la computadora y mirar televisión inducen a consumir alimentos sin que exista hambre.
Ante este contexto, se producen grandes desafíos tanto para el médico como el paciente, ya que el primero deberá elegir las herramientas precisas para que la persona pueda aprender hábitos saludables más allá de la carrera de obstáculos que se presentan y quien desea bajar de peso tiene que aprender a tener paciencia para elegir los alimentos y no comer lo que se tenga a mano, para realizar caminatas y para también dormir 8 horas diarias, ya que el sueño se relaciona con el equilibrio hormonal.http://www.docsalud.com/articulo/4769/por-qué-el-estrés-crónico-engorda.Por: Celina Abud

miércoles, 5 de junio de 2013

ECOLOGISTAS E INDÍGENAS PARALIZAN LA CONSTRUCCIÓN DE GIGANTESCA REPRESA EN BRASIL

Los manifestantes, pertenecientes a las etnias Munduruku, Juruna, Kayapó, Xipaya, Kuruaya, Asurini, Parakaná y Arara, también reivindican que el Gobierno reglamente la convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que obliga a los responsables por este tipo de obras a consultar previamente a la población afectada.Los protagonistas de la protesta exigen la paralización de las obras hasta que sean concluidos todos los estudios sobre los efectos ambientales de la construcción de hidroeléctricas en la Amazonía, según la organización no gubernamental Xingú Vivo Para Siempre.Belo Monte, cuyas obras han sido paralizadas en varias ocasiones por manifestantes o por decisiones judiciales, comenzó a ser construida en marzo del año pasado en un trecho del río Xingú en jurisdicción de Altamira, municipio en el estado amazónico de Pará.Los manifestantes, pertenecientes a las etnias Munduruku, Juruna, Kayapó, Xipaya, Kuruaya, Asurini, Parakaná y Arara, también reivindican que el Gobierno reglamente la convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que obliga a los responsables por este tipo de obras a consultar previamente a la población afectada.Según Xingú Vivo Para Siempre, los indígenas, así como pescadores y colonos que los apoyan, quieren que el Gobierno suspenda provisionalmente todas las represas que son construidas actualmente en los ríos Xingú, Tapajós y Teles Pires.Los manifestantes dicen que permanecerán en Belo Monte por tiempo indeterminado o hasta que sus reivindicaciones sean atendidas. 
activistas
La organización no gubernamental calcula que la manifestación impidió que cerca de 6.000 de los más de 20.000 trabajadores de la obra acudiera a sus puestos en el principal frente de trabajo.Los movimientos sociales agrupados por Xungú Vivo Para Siempre alegan que, a sus peticiones de diálogo, el Gobierno respondió en marzo pasado con un decreto que autoriza a la Fuerza Nacional de Seguridad Pública a usar tropas para “auxiliar la realización de estudios técnicos sobre impactos ambientales negativos” en obras en la Amazonía.Los indígenas denunciaron que, con base en ese decreto, el Gobierno envió cerca de 250 agentes de la Fuerza Nacional al local en que se construye el Complejo Hidroeléctrico de Tapajós, también en Pará y al que se oponen los indios Manduruku.“Somos las personas que viven en los ríos en los que ustedes quieren construir represas. Somos de la Amazonía y la queremos en pie”, aseguran los manifestantes en una carta.“Nos están apuntando armas a la cabeza. Sitian nuestros territorios con soldados y camiones de guerra. Hacen que los peces desaparezcan”, agregan los indios, que atribuyen la represión a la negativa del Gobierno a escuchar a quienes se oponen a las obras.La represa de Belo Monte, con una capacidad de generación de 11.233 megavatios en las épocas de crecida del Xingú, es uno de los principales proyectos de Brasil para atender su futura demanda de energía y el inicio de operaciones está previsto para 2015.Según datos oficiales, para la construcción de ese coloso de cemento en plena Amazonía serán inundados 516 kilómetros cuadrados de selva, por lo que los grupos ecologistas alegan que las obras desplazarán a unos 50.000 indios y campesinos que habitan en las riberas del Xingú y que causarán “daños irreparables” al ya delicado ecosistema amazónico. http://www.canalazul24.com/?p=24533